“Tienes que encender una luz aunque sea pequeña,
si ella se apaga este mundo será una tiniebla.
Tienes que arriesgarte a creer y no cerrar más tu puerta.
Vale la pena su brillo aunque sea pequeña…”
El sábado 30 nos atrevimos a encender esa chispa que palpitaba muy dentro nuestro. Y esa chispa se hizo llama cuando atravesamos la puerta y muchos ojos chiquitos se cruzaron con los nuestros. Ojos que conocen de desilusión, de tristeza, de abandono. De a poco ellos fueron chispa y miles de llamitas dieron calor a nuestra alma y nos hicieron arder.
Paradójicamente ese sábado comenzaba la vigilia de la beatificación del Papa Juan Pablo II, un hombre que supo mantener en su vida, una gran llama encendida a pesar de los vientos.
Ernesto Sábato desde su “Resistencia” nos relató:
“El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”
Sentimos así que como la Madre Ana María Janer, que supo de resistencia y de ser llama que da fuerza y vida, vale la pena encender una luz aunque sea pequeña.
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